Pesadilla pastrula 2

Tengo que correr. Siempre se puede dar otro paso. El tipo que corre detrás mío, como en película de terror parece que piensa igual. Tengo puesto alguna especie de atuendo gótico discotequero, con un polo pequeño y apretado , una minifalda que roza en lo ridículo, unas medias caladas negras y unas botas con taco alto y delgado. De mi hombro cuelga una bolsa grande con un perro pequeño y blanco que ahorita parece pesar una tonelada.
Tengo que correr. Siempre se puede dar otro paso. Corro sobre las hojas secas, entre los árboles, con la luz azul de la luna encima, con estos tacos de mierda hundiéndose en la tierra húmeda, mirando de vez en cuando hacia atrás y viéndolo ahí, inmutable. Ni más cerca, ni más lejos. Una constante.

Ahora ya no corro. Me deslizo sobre el suelo dando unos pequeños tumbos. Todo es igual menos la perspectiva, ahora estoy más abajo. Me atrevería a decir que como dentro de una especie de bolsa de dormir. Entonces lo entiendo: ahora soy el perro.
Ella corre. Con su pelo largo , suelto y negro. Le tapa la cara y lo quita con las manos, pero es inútil, vuelve a taparle la cara cada par de pasos. La ropa es horrible. La tierra está llena de hojas secas, lo cual explicaría lo pelado de los árboles. Los troncos, las ramas largas y calatas, con la luz de la luna parecían de un bosque embrujado.
El hombre seguía atrás. No había nada distintivo en él. Un hombre absolutamente olvidable, salvo por el hecho indiscutible de estarnos persiguiendo con visibles oscuras intenciones.

Tengo que correr. Siempre se puede dar otro paso. ¿Hasta cuándo? Apenas acabe todo esto voy a afeitarme la cabeza, no veo nada, carajo. Atrás, la constante. Apenas acabe…y entonces, no sé por qué, freno en seco, paro un segundo, solo uno. De un salto doy media vuelta y empiezo a correr hacia él. Corro con un brazo abierto y el otro sujetando la bolsa con el incomprensible perro. La boca muy abierta, el grito sale de muy adentro, es la letra A, larga y abierta. No se lo esperaba, abre los ojos y da media vuelta rápidamente, felinamente. Corre alejándose de mi. Ahora yo estoy atrás de él, corriendo. De pronto, el perro no pesa tanto y los tacos no son tan incómodos. El pelo encantador me tapa la cara de vez en cuando. Quiero alcanzarlo.
Tengo que correr. Siempre se puede dar otro paso.

Jezabel

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